Por qué

Para países como el Perú, ricos en recursos naturales pero con niveles extremos de pobreza e inequidad social, la situación es particularmente compleja porque la habilidad de los gobiernos para dirigir y modular el comportamiento social, sin importar la escala, es tenue y fácilmente da cabida a la anarquía. El crecimiento desmedido de las poblaciones humanas y la presión constante sobre los ecosistemas para la extracción de energía, materiales y organismos para sostener el crecimiento económico han dado lugar a la extinción de las especies, a la degradación y pérdida de ecosistemas y a la ruptura de los sistemas naturales en los cuales se insertan nuestras culturas. Sin embargo, la abundancia de recursos naturales que afortunadamente aún nos caracteriza, todavía deja abierta la posibilidad y la esperanza de lograr beneficios que afecten en forma equitativa a toda la población en el largo plazo y al mismo tiempo de preservar este excepcional capital natural.


El concepto de uso sostenible implica que no sólo se debe prevenir la extinción o agotamiento de los recursos, vivos o no, sino que también se debe lograr que los beneficios ambientales, sociales y económicos provenientes del uso de los recursos y ecosistemas afecten no sólo al sector involucrado en el uso, sino a toda la población y a sus generaciones futuras.


El desafío de armonizar los objetivos, aparentemente contradictorios, de la conservación ambiental y el desarrollo económico, requerirá de soluciones creativas que implican la definición de un nuevo Contrato Social para la ciencia y los científicos que deberán lidiar con este reto. La Universidad puede y debe jugar un rol central en el desarrollo de las capacidades requeridas para enfrentar en forma efectiva este desafío.


“La capacidad es la habilidad (de un individuo, instituciones, o de la sociedad en conjunto) de identificar y resolver un problema o problemas. No es tan sólo la mera existencia de un potencial. Capacidad es capacidad, sólo si este potencial es aprovechado efectivamente en la identificación y solución de los problemas específicos que confrontan la sociedad o los individuos” GEF – UNDP 2000


A nivel mundial el movimiento conservacionista sufre una falta crónica de capacidades para lograr la conservación y uso sostenible de la diversidad biológica. Esta situación es especialmente crítica en los países en desarrollo, pues en forma general sus instituciones conservacionistas son poco efectivas, tienen muy pocos profesionales en conservación y, por lo tanto, poseen una capacidad limitada para enfrentar los cambios y demandas crecientes que amenazan su riqueza natural. Existe entonces una necesidad urgente de aumentar las capacidades de estos países con la finalidad de desarrollar e implementar las acciones necesarias para proteger adecuadamente y lograr el uso sostenible de la diversidad biológica y de los recursos naturales en general.


Por otro lado, la poca efectividad que hasta ahora ha tenido el movimiento conservacionista en frenar la cada vez más acelerada degradación ambiental ha sido adjudicada al fuerte énfasis que se le ha dado a la investigación biológica (para evaluar el estado de la biodiversidad en el mundo y medir las consecuencias de la actividad antrópica), en desmedro de los procesos sociales y económicos que afectan esta actividad y teniendo un pobre involucramiento en el proceso de toma de decisiones y en el desarrollo de políticas y leyes que lleven a la sostenibilidad en el uso de los recursos naturales.


Si la misión de los conservacionistas - de cualquier especialidad - es el guiar el manejo de los recursos naturales para lograr la sostenibilidad, deberán ser capaces de proveer recomendaciones viables, pero que a la vez sean compatibles con otras metas de la sociedad, como son el bienestar y la democracia. Idealmente, deberían promover (y hacer posible) un mundo democrático, rico en diversidad humana y biológica, a niveles saludables y sostenibles (Clark 2001).


Los curricula de los programas de capacitación en conservación representan, en su mayoría, una concepción estrecha de las metas, rol y naturaleza de la profesión. Éstas están centradas en los aspectos técnicos como son la ecología de poblaciones y comunidades, genética y un rango de tópicos aplicativos tales como evaluación de viabilidad de poblaciones y manejo de fauna, flora o de áreas naturales protegidas. Aunque estos focos secundarios son relevantes, frecuentemente no logran integrar aspectos críticos como pueden ser los valores sociales, contextos institucionales y procesos políticos en curso, que afectan las decisiones y viabilidad de las propuestas de manejo.


Para frenar y revertir la crisis ecológica del milenio será necesario establecer el diálogo entre la ciencia y las acciones políticas, siendo necesario un enfoque interdisciplinario y ecosistémico para evaluar los impactos del uso de los recursos naturales, integrando las complejidades ecológicas, sociales, políticas y económicas que devienen de este uso. Esto implica un cambio cultural en la educación y acción universitaria; serán necesarios nuevos modelos que trasciendan las fronteras disciplinarias, siendo esencial para este propósito el establecimiento de espacios dinámicos y fértiles donde se fomente la reflexión y la investigación colaborativa que lleve a la integración y síntesis de información, datos, técnicas, herramientas, perspectivas, conceptos y teorías de diversas disciplinas para identificar, proponer e implementar soluciones viables, efectivas y duraderas a los problemas ambientales.


El objetivo no es otro que intentar orquestar las interacciones de las numerosas actividades humanas que ocurren dentro de los ecosistemas. De esta forma los enfoques son integrales y holísticos, es decir se habla de un manejo basado en los ecosistemas. Este término considera a las sociedades integradas dentro de los sistemas vivos del planeta. El termino “manejo de ecosistemas” o manejo ecosistémico, se focaliza en unidades definidas, coherentes y organizadas, que incluyen la interacción de componentes ecológicos, sociales y económicos (Slocombe, 1993) y ayuda a hacer la transición desde escalas locales, nacionales, regionales y globales. El manejo basado en ecosistemas expresa la visión global e integrada de los problemas y las oportunidades.