La reina anchoveta

Entre tantos viejos conocidos, Mistura 2010 nos deleitó con nuevos protagonistas de una gastronomía que parece no tener límites. Ceviches calientes, picantes de pulpo, sours de papa, chupetes de cocona, fetuchinis a la huancaína y demás platos tomaron un protagonismo para muchos poco esperado.

 

En la misma línea, una ancestral anchoveta se alzó como una de las protagonistas de esta feria. Y como cada estrella, en esta edición 2010 tuvo un espacio propio donde brilló con luz propia. El Puente de la Biodiversidad Marina, una iniciativa del Centro para la Sostenibilidad Ambiental de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (CSA-UPCH), APEGA y el Ministerio de Ambiente, sirvió no solo para promocionar la importancia del consumo sostenible de productos marinos, sino que tuvo en la anchoveta a su mejor representante. El puente, que se erguía sobre una de las lagunas del parque de la exposición, fue un espacio interactivo y educativo que congregó a familias enteras que, una vez dentro de este virtual acuario gigante, se dieron tiempo para informarse sobre las virtudes que ofrece el consumo directo de anchoveta. Uno de los seis paneles colocados a lo largo del puente –acaso el que más atención despertó- lanzaba números que daban cuenta de una realidad casi desconocida: El Perú es el 2do país pesquero del mundo / El 93% de nuestra pesca es anchoveta / Pero el 98% se exporta como harina.

 

Pero el puente no solo exhibió paneles con datos y frases relacionadas al cuidado de nuestra biodiversidad marina, sino que ofreció, durante los seis días degustaciones gratuitas de la anchoveta en diferentes presentaciones. Las empresas Tasa, Austral y Ayllu, dieron no solo una muestra de compromiso con esta iniciativa, sino de imaginación a la hora de elaborar pequeños canapés de anchoveta.

 

Un ceviche bien servido, un paté cremoso de queso anchovetero sobre tostadas y la siempre ponderada anchoveta en su estado más auténtico: servido en pequeños filetes, con un toque de aceite de oliva y acompañado por una crocante galleta. Además, voluntarios de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y de la Universidad San Ignacio de Loyola regalaron momentos entretenidos con juegos didácticos de memoria y conocimiento sobre los recursos marinos.

 

El ahorcado y los acrósticos fueron los preferidos del público, que se fue del puente no solo con algo más de información, sino con polos y souvenirs de la anchoveta y las empresas auspiciadoras. Fue una magnífica oportunidad para que el crecimiento culinario del Perú le diera la mano a una iniciativa que busca tender un puente –literal y figurativo- entre la gastronomía y la sostenibilidad.

 

La respuesta del público fue más que alentadora y sirvió para romper el mito del pescado oscuro poco agradable. Luego de las degustaciones sobraban las miradas de sorpresa e, incluso, no faltó quien pidió, como buen peruano, su yapa o repetición.